Donde la luz aún brilla |
When I was little I wished I could have seven lives like every cat. Now I know that I can live seven lives just living this one all out. |
La literatura rusa diseminó a lo largo de su historia una larga trayectoria de perfiles característicamente rusos, con una personalidad tan suya, tan de su tiempo y de su historia, que su originalidad y peculiaridad merecen cuanto menos que uno se fije en ellos.
Pushkin crea una nueva tipología de héroes, diferentes de los existentes hasta entonces en Europa: los errantes. Éstos, siempre ligeros de equipaje, siempre vagando y de camino, son héroes desgajados de su suelo natal. En su interior bulle un problema, un conflicto irreconciliable que los convierte en seres divididos e inadaptados. Por ello, en incesante búsqueda de algo diferente que les sustituya la pérdida de sus raíces, se trata de unos caracteres básicamente inestables en relación con su madre-tierra. La mayoría de ellos son héroes con problemas de raigambre y, por tanto, también de identidad.
Éste es el caso de Eugenio Oneguin; también lo es el del apuesto Pechorin (“Un héroe de nuestro tiempo”), de Chíchikov (“Almas muertas”) y de Chulkaturin de Turguénev.
Si a su vez los autores les atribuyen el continuo vagar, es porque sus espíritus se ven orientados hacia otros lugares, donde sueñan con encontrar sosiego para descansar, formar su propio nido, y finalmente echar raíces.
No se puede pasar por alto la obra Diario de un hombre superfluo de Tuguénev, que es clave para el contexto de la filosofía de los errantes. Desde su lecho de muerte, el protagonista reconstruye a grandes rasgos su absurda existencia, en la que el peso de las anotaciones recaen en los recuerdos de un hombre que fracasa en el amor y otros aspectos de su vida. Unas confesiones muy personales salen de boca de un hombre que se siente como un ser que sobra y que está de más en este mundo, en el que, por añadidura, a él no le dio tiempo a construir su propio nido, ni a consolidar su amor, ni a terminar de encontrar aquello que tanto le hubiera gustado que diera sentido a su existencia.
No ha de extrañar que la expresión de hombre sobrante o superfluo tenga el sentido de alguien que está de más porque no encuentra un hueco en este mundo. Se trata de una serie de antihérores que llevaron a sus espaldas la pesada cruz de estar de más, de ser seres sobrantes.
Prólogo de Bela Martinova del libro Padres e Hijos