Donde la luz aún brilla |
When I was little I wished I could have seven lives like every cat. Now I know that I can live seven lives just living this one all out. |
Nos veo un fallo como especie, una carencia evolutiva quizá: no somos capaces de sentir lo que otros sienten.
Por algún capricho de la evolución, sólo sentimos el dolor propio, el del resto de los que nos rodea no. Imaginaos que al acercarnos a alguien sintiéramos su congojo, su tristeza, su nostalgia, su aflicción o, por otra parte, su felicidad, su júbilo, su sorpresa, su alegría y que, por ende, ¡pudiéramos comprender a los demás! Qué locurón.
Nah, así estamos bien como estamos. Es evidente que si a mí esto me duele tanto (porque yo lo noto) es porque mi tragedia personal e individual es más importante que la tragedia individual del otro. ¿Cómo va a ser el divorcio de tus padres más importante que mi despido? ¿Cómo va a ser la muerte de tu abuela más importante que mis dos suspensos? ¿Cómo va a ser tu traición más importante que la mía? ¿Cómo va a ser tu vida más penosa que la mía? ¿No has visto MI vida y cómo estoy YO?
Que digo, esto de retorcer la realidad hasta confines desconocidos para que nos presente como héroes o víctimas tendrá que tener un límite, ¿no?
Quiero resumir en unos pequeños puntos lo que es, desde mi punto de vista, la universidad, ya que a mí nunca me han sabido explicar con claridad qué es la universidad en sí. Y claro, también depende de la universidad, así que en mi caso comentaré lo que es la UGR.
1.- Yo creo que lo primordial que hay que saber acerca de la universidad es que no hay nadie que te ayude, absolutamente nadie: ni compañeros, ni profesores y ni siquiera los que se supone que están ahí calentando una silla y cobrando para ello. Lo de buscarse la vida es aquí una base, porque no puedes contar con nadie para que te informe, tú tienes que buscar la información.
2.- Siguiendo esa línea, en la universidad no se aprende nada. Estudies lo que estudies, en las clases simplemente te orientan y te comentan, pero el conocimiento pleno tienes que buscarlo tú en otros libros, en otros lugares, de la boca de otras personas. Aun así, el nivel de dificultad no es mayor que el del instituto, simplemente tienes que estudiar siempre para no encontrarte con tres montañas de folios en febrero o junio.
3.- Los profesores, ja…Si alguna vez os habéis quejado de vuestros profesores de instituto, pensad al menos que en el instituto os consideran personas y el trato es mucho más cercano. El profesor universitario es un ser mitológico, encumbrado en sus propios “logros”, que te habla desde una tarima de un palmo de alta. Los profesores se organizan en departamentos y lo normal es que sufran todos la misma enfermedad mental. Ojo con los catedráticos y con los que te hablan de usted. Ya ni os cuento sobre los catedráticos que te hablan de usted. Lo normal es que el profesor vaya a ignorarte por los pasillos, hará que no te ha visto para no tener que saludarte, etc.
4.- Punto más importante: una vez que entras en la universidad, dejas de ser una persona para convertirte en un número, el de tu nota. A nadie le va importar cómo seas, cuál sea tu ética, cómo sean tus creencias, tanto políticas como religiosas; les dará igual si sabes más o sabes menos; les da igual que seas pedante o humilde, egoísta o generoso, trabajador o vago. Tú eres tu nota y lo que hagas en el examen o en un trabajo, lo demás no importa, y se te va a valorar en función de eso para todo: becas, permisos, favores, trato…
5.- La universidad es sinónimo de competitividad. Si eres una persona que siempre se ha valorado en función de los demás, vas a sufrir. Los demás, por una nota alta, van a hacer lo que sea, incluso pisarte y pasarte por encima, omitirte información…Las matrículas de honor son la sabrosa recompensa, especialmente cuando hay un profesor con la mano rota en ese aspecto. En muchos compañeros verás claramente la sonrisa de condescendencia, nunca una sonrisa sincera. La injusticia es un plato diario que deberás tomar cada día con sonrisa, porque no son como las lentejas, y con guarnición de falsedad.
Si a pesar de todo eso, al final de la carrera sigues siendo tú mismo sin haber cometido una falta hacia nadie, sin haber mentido, sin haber perjudicado y sin haber ido a lamerle el culo a ningún profesor, ¡felicidades, eres una persona estupenda a pesar de tu baja nota en el expediente!
Por supuesto, lo que yo digo aquí no son cosas absolutas. Yo este año he tenido y estoy teniendo profesores que, además de profesores, son personas y me tratan a mí igual. También dicen que en la universidad se encuentran los mejores amigos y probablemente así sea, al menos por lo que yo estoy experimentando. Quizá, en medio del caos, sí encuentres a alguien dispuesto a informarte regularmente de nuevos acontecimientos importantes para tu carrera. Los compañeros, por muy falsos que sean, están ahí para aprender, igual que tú, así que la universidad actúa de filtro para todos aquellos vagos del instituto. Es decir, que la universidad puede ser lo más maravilloso y lo más terrible que te pase. Yo apostaría por decir que son los mejores años de la vida, aunque sólo llevo media carrera hecha. De todas formas, no cambiaría este mundo, con sus defectos, por el del instituto.
Te refugias en la música hasta que tus pensamientos se oyen más que la música.
Te refugias en internet hasta que ves que el conocer buenas personas ahí no mejora en nada la realidad.
Te refugias en tus amigos de la realidad y funciona hasta que ya no estás cerca de ellos, que es la mayor parte del tiempo.
Acabas por refugiarte incluso en los estudios hasta que te das cuenta de que los problemas en los que intentas no pensar serían capaces de impedirte que pudieras estudiar.
Con el fin de solucionar esos problemas intentas buscar un trabajo. No eres válida, no tienes lo que necesitan, no te admiten, el horario no es compatible, no sirves, no tienes experiencia.
Te ha tocado vivir de una forma limitada y ni siquiera puedes elegir dejar de vivir, porque eso traería más problemas. La vida te obliga a vivir y tú no puedes decidir nada en ella.
Dices “Más vale malo conocido que bueno por conocer”, pero en realidad lo que sientes es “Tengo una vida de mierda, pero soy un cobarde y me da miedo cambiar”.