Donde la luz aún brilla |
When I was little I wished I could have seven lives like every cat. Now I know that I can live seven lives just living this one all out. |
Esta cita es mía, de cosecha propia.
Comete un error, que estarás en una clase con cuarenta personas en silencio.
Haz algo bien y como mucho lo verá tu reloj de pared, si es que tienes.
…es que una vez me sentí a gusto con una almeriense. De hecho, no sabría decir si era almeriense, porque tenía un acento muy suave; andaluz, pero muy afable.
El encuentro fue donde uno menos espera: el Mercadona. Estaba yo en la sección de frutas cogiendo las pocas peras ercolinas buenas que había en esa ocasión cuando noté una presencia cerca de mí. Yo suelo ser siempre con los desconocidos (y más los almerienses) bastante fría y hablar a la defensiva; aunque, seamos realistas, la gente no es que vaya al Mercadona a charlar. Con la vista aún fija en encontrar una sola pera decente, vi (porque yo siempre veo todo lo que pasa a mi alrededor aunque no lo esté mirando, costumbres que una coge cuando es desconfiada) que estaba parada a mi lado quieta. Deduje, aunque no transmitía impaciencia, que quería también peras ercolinas, así que sin mirarla en algún momento me hice a un lado sin dejar mi tarea para que ella también buscara. Lo normal en una situación así es que la otra persona se ponga a buscar también, coja sus peras y se vaya sin más. Pero esta mujer…no sólo notó que yo la había visto sin mirarla cuando estaba casi de espaldas a mí, sino que apreció mi gesto cuando le dejé espacio, me estuvo observando mientras cogía peras…y me habló:
-Parece que no hay suerte con las peras, ¿no?
Mi mente sintió en imágenes algo como: “Guau, un intento por parte de un ser humano de ser simpático. Dios mío, se merece al menos que yo le devuelva un poco de amabilidad”, así que sonreí sin mirarla y le dije que con la cabeza, porque para empezar, yo nunca hablo si no es absolutamente necesario, prefiero no abrir la boca. Pero cuando seguidamente alcé la cabeza y la miré no vi en su cara la expresión que la mayoría de personas tienen cuando hago eso, la cara de “al menos podría hablar” o “qué le pasa a la niña esta maleducada”, sino que vi…dulzura y amabilidad. Tenía una mirada muy dulce esa señora de cuarenta y tantos vestida con chándal y un pañuelo en la cabeza a modo de diadema, sin maquillaje, que demuestra que ella prefiere ir cómoda y ser fiel a eso, así que ya de apariencia me gustó. La energía que desprendía calmó enseguida cualquier indicio mío de querer estar a la defensiva, era una mujer tranquila que me sonreía cuando yo había sido seria, algo despreciativa y seca.
El porqué me gustó tanto esta mujer es porque supo leer en mi silencio. Eso nunca lo hace nadie, los demás simplemente me tachan de aburrida, yo no doy conversación, yo no colaboro en nada, yo tengo una personalidad pobre e insegura y demás lecturas erróneas que hacen cuando pasan el tiempo conmigo. Pero es que esta mujer me observó mientras yo cogía peras y supo ver mi carácter más allá de mi silencio, por eso me habló con esa dulzura, porque ella descubrió de mí cosas que nadie sabe (que yo sepa), como por ejemplo que respondo mejor a la amabilidad que al reproche y que eso me calma el ánimo.
Pesé mis cuatro peras, les pegué la etiqueta con el precio y las dos nos miramos una última vez con una sonrisa. Hablamos en nuestro silencio y nos entendimos de maravilla y sin necesidad de palabras.
La verdad es que las personas no se interesan lo más mínimo por los demás, por entender a los que no son muy normalitos o tienen un carácter extraño. Nada de nada. Y claro, también está quien me diría “pues también puedes abrirte tú más al mundo, hablar más, socializarte”, pero es que yo nací así, no lo elijo yo, es mi carácter el estar siempre en silencio y me molesta que se me reproche, porque me duele que se las quejas vayan directamente a mi carácter como si yo tuviera que sentirme culpable por ser así. Mi carácter no me ha impedido relacionarme bien con quien hacía falta ni encontrar personas maravillosas que están a mi lado, y mientras sepa que existen personas como esa mujer, capaces de sentir y ver más allá de las personas, voy a preferir morirme o aislarme a adaptarme y convertirme en la persona que la sociedad y la vida demanden sólo para poder encajar bien.
La maravillosa sensación de estar con gente que te entiende sin que tengas que hablar, expresándote a tu modo…