Donde la luz aún brilla |
When I was little I wished I could have seven lives like every cat. Now I know that I can live seven lives just living this one all out. |
Los sueños se inventaron para que ni siquiera puedas olvidarte de los problemas durmiendo.
Mis sueños (no de aspiraciones, sino simples sueños nocturnos) son sencillos. A veces mi cerebro recrea sonidos de pájaros, ruidos de camiones, oigo a mi perra ladrando. Siento el dolor de espalda que me produce ese horrible colchón de mi habitación. Abro los ojos, veo luz, las paredes azules y la cortina de Mickey Mouse que tengo desde los tres años. Mi estómago ruge y recuerdo que la mama me tendrá el café preparado o que le quedará poco para venir a darme un beso de buenos días. Y entonces…
Entonces suena la alarma y me despierto de verdad, bruscamente. Todo está oscuro, y la poca luz que entra sólo hace que las paredes parezcan grises. La vecina ya está arrastrando muebles, la gente desayuna con sus familias, yo los oigo desde la cama hablar. Nadie me va a decir buenos días a mí, probablemente ni desayune y me vaya con el estómago vacío, porque es más importante salir de esas cuatro paredes que comer. Y no me duele la espalda, me duele el corazón.
Mi existencia toda no ha sido más que una cadena de tristes y desafortunadas contradicciones al corazón o a la inteligencia. Ante un entusiasta, se apodera de mí un frío glacial, y creo que si me relacionase a menudo con un flemático melancólico me convertiría en una soñadora ardiente.
Estamos tan acostumbrados a que la gente se ría de nuestras ilusiones y nuestros planes futuros, que no nos atrevemos a soñar ni a tener esperanza de hacer cosas. Es como si un sueño perdiese toda la importancia cuando nuestros padres o nuestros amigos nos dicen: “Ja,ja,ja,deja de soñar,anda”.
Eso es culpa de este engranaje, este mecanismo de sociedad que llevamos, donde se espera del individuo que ocupe un buen cargo en la sociedad, que gane dinero y, si es posible de casualidad, que le guste su trabajo. Ése parece el ideal de trabajador, se nos educa en los colegios con una visión de futuro laboral. Sin embargo, nadie habla de la realización personal de la persona, nadie le pregunta a otra persona: ¿Tú con qué serías feliz trabajando?”.
Y que yo entiendo que uno tiene que ser un poco realista a la hora, por ejemplo, de escoger una carrera o decidir un camino que marcará en una dirección tu vida, que hay que mirar para poder mantenerte el día de mañana. Pero no creo que eso deba ser lo más importante, porque pensar que con dinero los problemas estarán resueltos, nos hará tremendamente infelices. Las personas que piensan así, que el dinero se lo dará todo, son las que siempre notarán que algo no encaja en sus vidas a pesar de tenerlo todo, porque siempre les faltará algo: el estar haciendo lo que a uno realmente le llena. No sé de dónde ha salido esta idea de que el trabajo debe ponerse por encima de los intereses propios, pero cuando uno sabe lo que quiere hacer y lo que le gusta, creo que debería ir a por ello con todas sus fuerzas, le cueste el tiempo que le cueste. Porque si no, ¿para qué están vivos si nunca estarán completos?
Y yo pienso que las personas tienen todas intereses muy diferentes, que no porque una persona no sepa apreciar ciertos aspectos de la música o no haya ido nunca a conciertos no significa que sea peor, o menos sensible o más incompetente, de la misma forma que un matemático no vale más que un filólogo ni un investigador más que un profesor. Todos los trabajos surgen de un común: la pasión en ello. Yo he visto en los ojos de las personas de campos muy distintos al mío la entrega que yo pongo en lo que me gusta, y sólo por eso, ya los admiro. Porque hacen lo que les gusta.